La comandante Letizia Ruiz, pionera en los vuelos comerciales en Paraguay

 

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A sus 38 años sigue siendo la primera y única paraguaya que es piloto, con licencia comercial y habilitación IFR (vuelo por instrumento), que comanda aeronaves Airbus 319–320–321 de TAM líneas aéreas.

Con los sueños propios de los niños cuando ven las películas de acción, Letizia quería ser astronauta, después tuvo ganas de ser agente de la FBI, hasta deseó ser agente de la CIA; pero eran sueños que un día desaparecieron cuando fue al aeropuerto Silvio Pettirossi y vio por primera vez volar un avión. Desde entonces quedó maravillada y hoy en día el volar es más que un trabajo para ella, es su pasión.

En el 96, las autoridades de Transportes Aéreos del Mercosur (TAM) le dieron la oportunidad de pilotar los aviones Caravan, a la par de cumplir su rol de azafata. Luego en el año 1998 fue nombrada comandante de vuelo y excluida de la lista de aeromozas. En noviembre del mismo año subió al Fokker 100 y en el 2005 se convierte en la primera comandante en Paraguay de los vuelos de cabotaje a bordo del Caravan.

En el 2008, marcó un hito al convertirse en la primera mujer piloto del Paraguay en tener licencia para Airbus, los gigantes del cielo.

“Lo malo me fortalece y lo bello me edifica” es la filosofía de vida que ella mantiene. Su máximo ídolo es Dios, seguido de su marido e hijos. Le agrada mucho la polca paraguaya, las guaranias, el vallenato y la música brasilera.

Un poco más de la Comandante…

¿Cómo compagina los roles de esposa y madre con su actividad profesional?

Como mujer, mientras más roles tenemos más divertido es el día. Soy piloto cuando me pongo el uniforme y cumplo a cabalidad con mi profesión, me saco el uniforme y empiezan los roles como de mujer, madre, amiga, compañera, veterinaria, dentista, todo, porque a todo tenés que darle una solución. Porque Mamá tiene la solución de todo.

¿Qué sintió cuando comandó por primera vez un avión?

El trabajo que estoy desempeñando, para mí no es trabajo, el volar es una pasión para mí, sentir y describir lo que es volar, es único. Es un sentimiento bastante especial, que te hace olvidar si de pronto estabas con alguna presión de alguna índole. Dar potencia y que ese avión levante vuelo es lo máximo, fue lo que sentí. Sigo teniendo el mismo sentimiento que tiene una criatura cuando ve un ‘pájaro de hierro’ levantar vuelo.

Mi hermano Alfredo vaticinó que sería piloto cuando en una oportunidad fuimos al aeropuerto Silvio Pettirossi y vimos despegar un avión; en ese entonces le había dicho que no había pilotos mujeres, él me respondió que era verdad, pero vos vas a ser la primera y la mejor.

¿Hubo alguna discriminación?

Estamos en un país machista. No quiero hablar de discriminación porque no soy quien para tirar la primera piedra. Pero doy gracias a Dios de haber nacido en Paraguay, por los compañeros que he tenido y que han pasado en frente mío, porque no hay mal que por bien no venga.

Yo tengo la fuerza poder fortalecerme de lo malo y edificarme en lo bello. Cada crítica, insulto, denigración que haya venido directamente para dañarme o perjudicarme, a mí me fortaleció. Una piloto como yo no hay, -en el buen sentido de la palabra- porque me fortalezco con cada cachetada.

¿Qué distingue a una mujer piloto de un varón piloto?

La intuición femenina, esa parte de Mamá que uno tiene, eso es impresionante porque esa delicadeza de ir pensando en cómo estará cada pasajero, el evitar que alguna nube les mueva ni les haga sentir mal. Inclusive esas nubecitas que no son importantes yo las desvío porque quiero que todos estén bien, relajados, cuidándolos como si fueran un hijo mío. Mientras uno se mantiene ahí, la mujer ya se adelanta en todo. Somos más detallistas y exigentes.

Recuerdo en una oportunidad, un instructor brasilero me dijo, comandante, disculpe pero se nota que es mujer, porque en dos partes le pude seguir pero en la tercera, la cuarta y la quinta ya no (Se ríe).

¿Cuáles son los pasos para obtener la licencia?

A lo largo de la autopista Aviadores del Chaco, camino al aeropuerto se encuentran varios hangares en donde ya cuentan con institutos.

Uno primero obtiene la licencia de aviador civil, luego se realiza otro curso con más horas de vuelo y otro tipo de entrenamiento, adquiriendo así la licencia comercial y con esa licencia comercial y dependiendo de las horas de vuelo que uno tiene, puede ir a presentarse en alguna compañía aérea  en donde el piloto es nuevamente entrenado para el avión especifico.

¿Qué habilidades tiene que tener un Piloto?

Para mí, ver un neurocirujano es lo máximo, ver con qué don nació. Es una pasión que uno despierta, uno hace o se hace, yo no sé si nací para ser piloto pero me hice por el camino y me voy haciendo.

Cuando niños o adultos entran a la cabina preguntan, cómo manejas todos estos botones, y es ahí que uno sabe que cuando te apasiona y te gusta lo que hacés nada es difícil. Desde que comenzás nunca más terminas de estudiar, tenés que ir perfeccionando, simuladores que van una vez al año dependiendo de lo estipulado, cada mes hay entrenamientos, se deben convalidar los documentos, etc. La idoneidad va con el estudio, a más de la experiencia.

¿Cómo te preparas un día antes de volar?

Uno tiene una preparación, una doctrina. Si yo voy a volar por la tarde, entonces mi mañana ya la voy preparando tranquilamente.

Si de pronto tengo una actividad personal, voy y lo cumplo. Uno ya va cuidándose con la alimentación, bebidas –directamente yo no bebo-. Si de pronto se hace un brindis, 12 a 24 horas antes de un vuelo, ni siquiera me tomo la atribución de hacer el brindis. Eso sí, uno debe de cuidarse físicamente, con vitaminas, alimentación, etc., tampoco se puede tomar cualquier medicamento, ningún relajante ni nada porque uno debe de tener mucha disciplina y no puede privarse de reacciones, ya que se debe estar al cien por ciento a la hora de volar.

¿Le atacó en algún momento el miedo a volar?

Para nada, miedo es lo único que no sentís. Si estoy atenta por los pasajeros que sienten algún temor ante una pequeña turbulencia y eso ya es algo que escapa totalmente de la mano de uno.

Por eso siempre me encomiendo a Dios, en todos los despegues encomiendo el vuelo, la tripulación, a cada uno de los pasajeros, hasta inclusive a los familiares que quedan en tierra con esa añoranza y con ese deseo de que su ser querido aterrice y llame lo antes posible para decir que llegó bien a destino.

¿Una meta por alcanzar?

Siempre hay metas por alcanzar, la vida es como una escalera, siempre hay peldaños y peldaños por alcanzar. Mis metas están en la cima de una escalera infinita.

 

 

 

Publicado en: ella.com.py

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